lunes, 15 de noviembre de 2010

La Barbie Infiernos

La barbie no se quiere dormir
y nos desvela con una risa boba.
Nadie sabe si no sabe reír o no... entiende 
las bromas.

La barbie nunca apuesta a tu fin
pero siempre le sobra media hora.
Un dulce amargo como pocos vi…
… que te secan la boca.

Cuando la ves bailar, no la ves llorar.
Barbie se piensa que todos le creemos
ese blondo de agua oxigenada,
para hacerse la 
rubia histérica, seca,
una pendeja perdida... en el amor.

Sus curvas son trapecios,
sus tacones levantan infiernos.
Primero te ama y, después,
te cuento:

La barbie no me quiere dormir... la mona,
pero se excita mientras me acosa.
Los diarios pagan por sus fotos desnuda...
... bajo la rueda de un tren.

Mientras la ves bailar, llora tu historia.
Barbie se piensa que todos le creemos
esas historias de gata letrada,
para hacerse la mantis, cruzada...
 ... que nunca acaba.

Tu musa te desayuna en el balcón.

martes, 2 de noviembre de 2010

(sin título) #2

Todos saben muy bien que todo pasa… por otro lado…
… y vivimos tropezando, buscando algún atajo.
Creo que todos saben que algo en el aire está raro
y todos tienen miedo de ser señalados.
Creo que nadie sabe realmente cuándo acaba una guerra
pero lo que todos saben es quién va a perderla.
Creo que no hay arma más letal en este mundo que el dinero
y sos demasiado orgullosa para admitir que es cierto.
Y en alguna noche de frío, habrás despellejado algún que otro perro
pero a fin de cuentas, siempre vas a ser un cordero.
Todos creen que sos fiel, excepto por una o dos veces al día
pero yo sé que apenas podés serte fiel a vos misma.
Creo que ya no hay lugar para nadie más en este entierro
y, la verdad, no estoy seguro que alguien sepa quién es el muerto.
La gente se amontona y eso atrae más gente
y todos se alegran de vivir en la vereda de enfrente.
Y la vida parece muy pintoresca sólo en algunas pocas canciones
pero yo duermo en un rincón donde no habitan las pasiones.
Y aunque permito que la angustia a veces acorrale a mis pensamientos,
quedate tranquila, es sólo un juego… para saber si no estoy muerto.
Tal vez seas realmente preciosa y hoy sea sincera tu sonrisa,
pero yo te conocí cuando decías que nadie te quería.
Tal vez te aprovechaste… o fui yo el que se precipitó a todo esto
y todavía no decidí si será un buen o mal recuerdo.
Todos saben que en este lugar no hay ni una salida de emergencia.
Tarde o temprano, todos vamos a pisarnos las cabezas.
Nos estamos matando, el uno al otro, desde hace más de dos mil años
y vos jurás que no disparaste y yo que intenté evitarlo.
Creo que estamos viviendo en tiempos demasiado violentos.
A nadie le interesa nadie y somos todos ajenos.
Creo que todos saben que las cartas ya están marcadas
pero todos creen tener un as bajo su manga.
Y todos saben que la soledad es una situación desesperante.
Yo soy cuatro personas… y eso no lo hace más fácil.
Y aunque parezca que estoy aburrido, nada más estoy vacío.
Tal vez eso ya no es un problema, al menos no es mío.
Creo que en realidad nada es verdaderamente cierto.
Excepto alguna vez que te dije que te quiero.
Con el alma en los labios, guardo un beso que te debo…
… donde más te guste… donde más necesites quererlo.
Creo que todo estaba muy bien justo antes de conocernos.
Vos gritabas que eras libre y yo todavía no te creo.
Tal vez no me merecés… o quizá yo no te merezco…
… o sólo fue un momento extraño para que nos encontremos.

miércoles, 20 de octubre de 2010

El Tornado


Desde la lejanía, tan sólo intuyéndote,
ya puedo percibir una inquietante belleza en vos,
que me resulta cautivante,
parece enajenarme.
Te vas a ir acercando, lo sé… tomándote tu tiempo,
imperiosamente, inabarcable.
Y no tengo miedo, no…
… todo esto resulta hoy inevitable.

Tal vez te arrojes a un ritmo lento, sensual.
Tal vez quieras que todo acabe rápido,
pero siempre habrá de ser a tu modo… a todo o nada…
… sin dar tregua.
Nada permanece a tu paso. Consumiendo
cada cosa que te toca, ensombreciendo todo lo que se refleja en vos.
Y aún así, con una gracia…
… violenta.

No hay lugar que de refugio… aunque no trato de esconderme…
… Voy a aguantar cada una de tus embestidas,
aunque deshagas hasta mi espíritu.

Y no entiendo qué has venido buscando,
con esa inmensurable energía, en tus revoluciones internas,
cuando en realidad nada parece haber cambiado.
Qué es lo que querés,
inmóvil, etérea, en medio de esta tormenta eléctrica…
… ¿tan solo ver todo caer a tus pies?

Sos impredecible… y es tan excitante.
Es tan desgastante, pero quiero más…
… Hoy has vuelto a encontrarme... voy a clavar
la carne a mis huesos.
Tal vez así no puedas arrancarla…
… va a ser divertido…

… Mientras siento tu presencia cada vez más cerca de mí,
realmente no puedo ni intentar preocuparme.
Las marejadas de viento y borrasca golpean, inciertas y febriles,
despedazan hasta los pensamientos.
Para luego alejarte… mientras yo resisto, entero casi…
… precipitándome hacia el caos,
con las marcas de esta suerte en todo mi ser.

No hay forma de que te detengas… salvo en tu propio desenfado.
Tal vez vos descansás… pero no hay descanso.

lunes, 18 de octubre de 2010

Cecilia

Cecilia, va y viene en mi mente
con vicios caros y rostros diferentes...
... pero nunca es igual,
no, nunca es igual.
¿Cómo vas y cómo irán los años
de esta historia que todavía está en blanco?
A veces, ¿no sentís... que algo se te va a partir?
¿Cómo se ve el mundo después de tu viejo,
todavía te queda en pie algún sueño?
Y no sé... qué vas a hacer...
... son nueve años después
-es demasiado-.
Yo quería ser actor y estar con vos...
... No te preocupés.

Cecilia, me debe su inociencia
y yo le debo un par de notas y regalos.
Y, ¿ves?, que ya no es igual.
Si me dejaste en el ojo de la tormenta
que iba a lavar el barro que había en tus venas.
Dejar todo... lo que eras...
... no tiene precio.
Y alguien te sopló que no te merezco, cuando
estabas en edad de merecerlo.

Cecilia enamoró a la dicha, dicen sus ojos...
... y la muerte le regaló su sonrisa.
Pero no entiende, el escenario de la vida:
-es más dura la caída, Cecilia-.
Y, ¿no lo ves?, nunca vas a poder... dejar de ser...
... Cecilia.

Luego, entonces... quizás...

Podés desgarrar mis brazos y piernas...
... ya ves, de todos modos, solo... sienten pereza.
Podés abrir y desmenuzar mi cabeza, sabés...
... solo puede... traerte problemas.
Mis ojos siempre estarán sobre tus hombros,
mis labios no quieren pronunciarse... nunca más...
... ¿Podés darme algo por siempre nuevo,
que me estremezca cada vez que lo siento?
¿Podés darme algo realmente único?
Algo que trascienda todo en este mundo...
... Dame ojos de caleidoscopio,
dame amor... pero sin plomo.
Luego, entonces... quizás... podría amarte.

Podés abrir mi pecho por la mitad...
... sólo hay cenizas y humedad, podés...
... exprimir de una vez mi sexo.
No va rechazarte, pero no sabe desear.
Mi cuerpo está cansado de todo este peso,
mi mente adivina tus pensamientos...
... tus movimientos.
¿Podés romper los hilos que nos sostienen
y llevarme a donde nadie puede?
¿Podés darme una fe irrefutable?
Por esta noche, no quisiera intoxicarme...
... Dame fuego y agua en tus manos,
dame algo vivo que no esté contaminado.

Luego, entonces... quizás... podría amarte.

Puedo darte todo a cambio de nada,
si vos podés abandonarte a esa suerte...
... también... y aun si así, no lo creyera
me sobra el tiempo para convencerla.

martes, 12 de octubre de 2010

Una niña perdida (... y mis entrañas temblando)

I. Está perdida, señorita
      y no le asusta.
¿Seguirá su cuerpo, atrapado
      en la mente de una niña,
aún si encuentra lo que busca?

II. Aún si estas aguas te abrazaran
      y sus olas, más te elevaran.
Saber no podría; tu cuerpo, ya en la cima.
      Mar adentro,
      sólo traga.
Aún si despertaras con el sol en tu frente
y nunca más, las estrellas altivas
      coronaran tu miseria.
Saber debería; tu alma, vana y hambrienta…
… no habrá nada tan oscuro
      como el resto de tus días.
Aún si pudieras quemar despacio tu esencia
sin ansia y sin pasiones
      y los pétalos de tus días nunca tocaran la tierra.
No podría yo tocarte,
     no estarías conmigo…
… no estarías perdida.
Aún si clamara desesperada tu nombre
alguna bestia desfallecida,
     abandonada a tus pies.
Saber no podría; tu corazón, lánguido y torpe
      que no quieres su abrigo,
      tan sólo su piel.

III. Aún si escucharas mis vísceras temblando
cuando estás ausente o hay duda en tus ojos,
      no comprenderías el significado de haberte encontrado
perdida en mi suerte,
      abandonada a mi nombre.

IV. Está perdida, señorita
      y ahora le asusta.
¿Se dará cuenta por sí misma
      que su verdadera grima,
está en encontrar lo que cree que busca?

V. Te das cuenta, los poetas viven prendidos
a un mundo imaginario
      haciendo la obsesión de un capricho.
Sabés, los filósofos son nada más que hombres desesperados
      que no saben de fe más que la que ellos han escrito.
Notarás que los hombres pasan casi toda su vida
encerrados en una cárcel
      por ellos mismos construida.
Sabés, mujer, aún sos un misterio porque
      de otro modo, no nos interesarías.

VI. Estoy perdido, señorita… y es claro
      me asusta.
¿Seguirá mi mente atrapada
      en tu cuerpo, niña?
Aún si mi sed no cede con
      todo aquello que busca.

A un millón de años luz de acá

Quisiera llevarte en un barco,
que flota entre la niebla y mis propios delirios por el espacio,
a un millón de años luz de acá.
Un barco enorme, gigante, para nosotros dos,
con unas alas de metal,
una cúpula transparente de plástico,
y muchas velas, farolas y arbolitos de todos los colores,
iluminando toda la inmensa oscuridad que atravesamos.
Por alguna especie de romanticismo;
para crear la ilusión de que nunca nos fuimos...
… pero sabiendo que ya nunca vamos a volver.
Quiero llevarte a un millón de años luz de acá.
A un lugar majestuoso, único, silencioso.
Vamos a ser los primeros y los últimos seres que pisen su suelo.
Y, al llegar, te voy a pedir que te quedes conmigo;
claro, vos no vas a tener otra opción.
      “Y, ¿qué vamos a comer?”, me preguntás.
“Tal vez haya algunos vegetales o pasto 
      o plantas carnívoras en ese lugar,
algún que otro bicho… no sé... podríamos ser caníbales también”.
Entonces no seríamos los primeros en pisar ese suelo, me decís
      nada más que para arruinar esta fantasía que intento hacerte ver.
“Pero ellos ya nacieron ahí, es diferente…”, agrego
      sin dudar en el sentido de lo que dije,
      “… además, ¿vos llamarías mentiroso a un caníbal?”
No es gracioso.
No tengo hambre tampoco.
Quiero estar solo… en tu cama,
mirándote dormir.
“Extrañaría el olor a lluvia”, decís.
“Te lo podés llevar con vos,
      te va a seguir a donde sea que vayas.
Todo va a oler a lo que vos quieras”.
No me creés.
No importa. Yo no creo en los olores.
Lo único que quiero ahora es volverme una
gota de agua
cayendo desde el cielo,
aterrizando sobre tu cuerpo,
rodando lentamente;
acechándote; buscando un hueco, un camino
hasta lo más profundo de tu ser…
… que me transpires,
caer al piso con pereza, insensible,
evaporarme
y tocarte de nuevo.
Todo lo que quiero en este instante que remontamos en tu auto
es que no saques las manos del volante
y sigas deslizándolas con ese ritmo sensual,
con esa paz con la que ponés todo bajo tu control.
Yo no intento hablarte siquiera…
… te miro en silencio,
le ruego a tu alma callado que nunca pises el freno.
Miro alrededor. No sé dónde estamos…
… o de dónde salió todo este lugar; todas las casas, todo el barrio…
… todo tan parecido a todo lo que creemos conocer,
las ventanas, los jardines, las calles, las rejas.
“Mejor vamos a mi casa”, te digo.
“¿Podés señalarme con seguridad, sin dudarlo,
sin que te tiemblen las manos o el cuerpo,
el punto exacto donde realmente queda eso?”, me respondés.
¡Ja! Es cierto.