martes, 22 de marzo de 2011

Conversación sobre nada en particular


– Si tuviera que recordarte de alguna forma… en mi cabeza… 
... sería bailando desnuda… ¡ja, ja!
– Mmm… Estoy acá, no tenés que imaginarme.
– Pero te vas a ir...
– Y voy a volver... por ahí...
– ... ¡Ja ja! Ahora te venís a hacer la importante.
– ¡Ja ja! ¡Si, seguro!
– Fenómeno, pero entre que te vas y volvés hay un espacio de tiempo 
remarcablemente considerable.
– ¡Ni siquiera es un día entero! ¡Son horas apenas!
– Bueno, el tiempo es algo muy relativo.
– ¡Ja ja! Además... yo no sé bailar.
– Pero en mi cabeza sí.
– A ver... y ¿qué bailo entonces?
– No sé... dejámelo pensar... se me ocurre, por ejemplo, 
alguna canción barroca, 
de Mozart quizás... 
... pero como si fuera un vals. No sé si Mozart escribió algún vals.
– Bueno, si escribís una canción así, yo aprendo a bailarla.
– ¡Ja ja! No sé... me gusta como fantasía. 
Además, me parece que es más probable 
que vos aprendas a bailarla.
– ¿Una fantasía? 
¿Eso quiere decir que te vas a masturbar conmigo cuando me vaya?
– Bueno, tengo derecho, ¿no?
– ¡Sos un asco!
– ¡Ja ja! Claro, como si fuera la primera vez que lo escuchas.
– Bueno, me tengo que ir.
– Un poquito más quedate, mi amor. ¿Querés?
– No, nabo, tengo que trabajar.
– Está bien. 
Ella se viste, le da un beso y se va.
El se queda un rato largo mirando fijamente hacia el techo.
Con las manos detrás de la cabeza. Estirado a lo largo de la cama.
No se viste. Prende un cigarrillo y se sienta en el piano.
Cierra los ojos y empieza a tocar.
Agarra una hoja pentagramada y escribe… y tacha…
… y vuelve a escribir.

Alicia

Alicia tropezó una vez, pequeña, entre mis dedos... caprichosa, distraída. Como quien busca tropezar. desde la apatía de un rincón donde sólo existen los números y las certezas, siempre es siempre no... no hay sueños dentro de sueños y la razón nunca enferma de deseo. Y este día que la encuentra somnolienta, Alicia ha encontrado una puerta, ha roto un espejo; quiere regalarme una sonrisa, aunque sabe, tal vez no deba. Y yo podría quizás esta vez prestarle mi sombrero, pero mi corazón no es ni más joven ni más bueno de acá a esta parte... porque sé tan bien lo simple que es para mí sorprenderla; casi tan simple como desnudar en un instante su frágil temperamento. Y guardo siempre en mi pecho todos los juegos, adivinanzas y esquemas que sabían entretenerla... aunque no recuerdo bien donde dejé los planos, las reglas o las respuestas. // Y aunque el tiempo se empecine en dejarnos detenidos en este momento, mientras seguimos dando vueltas, histéricos, resbalando… de lugar en lugar, entre roles y máscaras... en este pequeño paréntesis donde se nos quedó un pedazo del alma, donde acaricio la gracia de tenerla nunca y siempre. Tal vez hoy se pregunte quién sueña a quién, su cabecita. Y, es que, a este punto, ¿acaso eso importa, querida Alicia? Si ha sido hace mucho tiempo o apenas recordamos que algo ha sido. Las horas marchitas, enmarañadas, harán brillar hoy sus ojos con esas lágrimas que no quieren ser vertidas, así como un cosquilleo en el cuerpo la encontrará ingeniosa, divertida, con la más simple y tonta de las alegrías. // Sigo siendo un chico, lo sé, en el cuerpo de un hombre. “Un hombre pequeño”, ella diría, con su voz grave. Pequeños miedos, pequeñas tristezas... pero al menos tengo la grandeza para poder sufrirlas, sin reservas. Y puedo sostener su mirada, mientras que Alicia esconde su cabeza entre sus cabellos, porque no puede comprender cómo es que estos ojos tan buenos e inquietos llevan tanto horror dentro. Y tengo mi cuerpo harto cansado, y demasiada sangre... demasiada prisa todavía en los pies, en todos mis extremos. // Alicia ha regresado envuelta en lazos blancos, con una mirada distante y fría como si no recordara lo que es sentir que todo a su alrededor cae hacia arriba... y esa sonrisa traviesa y divertida que me dice que algo despierta en sus labios dejados. Y quiero llevarla a ver el amanecer desde el sol, hacer miel de nuestros cuerpos... mientras ella está pensando algún juego en el que no pueda perder. // Alicia está buscando lo que no sabe querer. // No tengo grandes posesiones ni otras voluntades. Y tal vez esté loco, pero niña... ella más que nadie lo debería entender; solamente soy dueño de un millón de paisajes que nunca conquisté y nada más hago lo que me dicen que no debería hacer. Alicia dice que quiere casarse conmigo y yo solamente quiero invitarla a tomar un té. Así lo dice, así le debo creer. Como quien le cree al sombrerero que el sombrero es de él. Los castillos de naipes ya fueron todos derribados, las cabezas cortadas... los conejos cazados. Ya no hay soldados, ni jardines, ni sorpresas. Todos los caminos que hemos recorrido... los atajos que inventamos para llegar hasta acá y Alicia está un poco más grande, un poco más cansada, más triste... paralizada. Sigue persiguiendo gatos con sonrisas de luna menguante, cosas que aparecen y vuelven a desaparecer. Y ella va y vuelve. Con sus variables y sus constantes. Y es que Alicia siempre verá lo que quiera ver. // Puse todo en su lugar correcto hoy, sólo para darme cuenta, que no existe tal instancia a su lado. Quiere demostrarme con esa malicia meticulosa, de niña caprichosa, que hasta el sol se ha puesto del lado equivocado. Y Alicia dice que quiere casarse conmigo, cuando yo solamente quería invitarla a tomar un té. Acomodo entonces mi sombrero y le digo: “si mi corazón no se equivoca, tal vez, debería correr”. Ella guiña un ojo y me responde: “Vos sabrás lo que tengas que hacer, pero... lo que realmente necesitamos es coger”.

jueves, 17 de marzo de 2011

Los amantes no saben nada

¿Sabés por qué sé que estás pensando en mí?
Porque hoy la noche está quieta,
suspendida...
... como vos,
como yo.
Porque puedo sentir tus ojos en el cielo.
Porque en el aire escucho tu voz murmurar mi nombre.
Porque tu sombra me cala hasta en los huesos.
Porque la luna está prendida fuego.
Porque la tierra ya no me deja dar un paso más.
Porque en realidad soy yo el que te piensa...
... porque yo creo que sé que vos sabés que yo sé
que vos estás pensando en mí.
Y la verdad que ya no tengo la más puta idea.

miércoles, 16 de marzo de 2011

La noche estrellada

Las estrellas se sienten más cerca hoy… si… eso es bueno. La luna, poco a poco, comienza a hacer sentir su presencia. Va haciendo suyo el cielo. Está siempre ahí. Imperturbable. Observando con su ojo acuoso y gris. Las habitaciones de las casas de la aldea destellan todavía y arrojan su luz a esta noche ridícula, fantástica. Sin embargo, todo está calmo y silencioso. La gente dejó las velas encendidas hoy para tratar de lograr un sueño más sosegado y sereno. No le gustan los rumores que trae esta oscuridad. Hace mucho que no llueve. Ya nadie recuerda cuándo fue la última vez. Los árboles están desnudos, desahuciados. Sus ramas se estiran con una profunda tristeza hacia el cielo como en una plegaria. La naturaleza es sabia dicen. Siempre que no se meta con uno. De ser así, entonces está loca. Eso es… ¿bueno? Es una noche tranquila. Se puede escuchar el antiguo lamento de las montañas, el murmullo de la brisa de mar detrás de ellas. Es un sonido hipnótico, anodino. Tal vez a otros los ponga nerviosos. Ya estoy tendido en la cama. Dejé las velas encendidas. Pareciera como que todos sabemos que algo está por pasar, pero todos debemos guardar el secreto. Tratamos de sentirnos preparados. Imposible. Algunos, quizá, todavía recen y hagan ofrendas a su dios salvaje y rencoroso. Todos los dioses son iguales. Las estrellas se sienten más cerca hoy… si… en esta noche estrellada… ¿eso es bueno?

Taller Literario Luna Roja. El cuadro pertenece a Vincent Van Gogh.  

viernes, 4 de marzo de 2011

Balada para un ama de casa desesperada (o Ylla)

Ylla, ¿podés verme?
Ylla... ¿podés sentirme?
Estoy en tus sueños despiertos,
bajo este cielo rojo...
... Tu esposo me quiere matar.
¡Ylla!, ¿vas a animarte aunque sea a llorar?

Tu corazón estalla en fiebre,
tu cuerpo está
tan pálido y frío como la sombra
de esta luna marciana.
Soñás con ojos azules
y manos tiernas,
recuerdos de lo que nunca fue
en cada una de tus grises mañanas...
... Tu esposo me quiere matar.
Ylla, ¿podés oirme?
¡Ylla!, sólo quiero escucharte cantar.

Ylla... la soledad te abraza,
las paredes te tragan.
Con tus ojos en el cielo,
¿oíste los truenos?
Tu esposo me vino a matar...
... me apunta y sonrío.
Ninguno de los va a saber nunca por qué.
¡Ylla!, cantá mi canción.

Una canción que dice nada

Tenés a tu puerta,
perros hambrientos y poco fieles
que están devorando tu entendimiento.
Y mientras tanto,
mujeres pulpo envueltas en pieles
te mienten algún juego.

El mundo gira al revés y yo sigo intentando...
... dar la vuelta en sentido contrario
y llegar primero.

Tenés en tu casa,
una cama que ya no es tu cama
donde duerme lo que era tu cuerpo.
Y en tu cabeza...
... una canción que dice nada
duerme el vacío
de un deseo.

Suelo pensar que no tengo final, y al final...
... siempre se me escapa el tiempo.

Y sólo queremos simplemente ser
y a veces... creo que salgo y te encuentro.
Y comprendé que prefiero
elegir lo que quiero...

... Abrí los ojos que hay
monos rapados vistiendo tu ropa
y una máquina te fabrica demasiado
tiempo libre.
¡Abrí los ojos que estás...
... soñando eras estrella de cine!
Vivías viajando y tenías
demasiado...
... tiempo libre.

Y el futuro, solía ser... impredecible.

jueves, 20 de enero de 2011

Despedida

Este amor que no sabe de imposibles
a menos que todo sea posible…
… que es una melodía sorda y atroz haciéndote cosquillas en el cuello.
Un perfume áspero y sensual que me intoxica los sentidos.
Un jardín en el paraíso… sin serpiente ni manzana,
un accidente esperando suceder,
un ascensor de servicio hacia la nada.
Una sospecha evidente,
una palabra impronunciable,
un impulso premeditado,
una promesa eternamente postergada.
Un día de los enamorados, todos los días,
sin las flores, ni el sexo o las caricias.
Un vestido que ya no te queda...
... una balanza que me marca un kilo menos cada día.
Un chiste que no le hace gracia a nadie
más que a nosotros dos, cuando nos permitimos ser uno.

Este sentir inabarcable que no deja de desearte,
tu deseo torpe de sentirme…
… que se quedan en eso, nada más.

Este amor que no lo predice ningún horóscopo
y ni siquiera el infinito puede contenerlo.
Y no hay psicologías que puedan condicionarlo.
y avanza contra todas las opiniones;
que sólo existe en nuestras intuiciones
atravesadas por desencuentros
que se confunden en estas ganas de querer
aprender a querernos.

Este paisaje hoy desierto de sensaciones
por la ventana de un tren que va a ninguna parte.
Este viaje al olvido
que está siempre interrumpido
mientras alguien en el pasillo besa un rosario
a la hora que los santos se confiesan.

Este amor que es todo menos lo que debe ser,
que dice todo lo que no debe decirse
y existe siempre en el lugar y momento exactos donde no debe hacerlo.
Este amor es una locura razonable,
un tango en tres por cuatro,
un suspiro que se nos vive escapando,
un sueño insomne en la madrugada…
… una duda, una corazonada.
Un suspenso tortuoso entre nuestros cuerpos
desbordados por la ansiedad.

Esta espera en el desengaño de una llamada que no quiero contestar.
Esa película que nunca voy a terminar de ver.
Esa canción que te recuerda a mí… aunque nunca lo hayas dicho.
Este nombre que me es ajeno a menos que esté en la punta de tu lengua.
Este vacío desesperante de pasiones ni interrogantes,
estos labios que no saben besarse,
estas miradas que se excitan al esquivarse
y las palabras que no nos dejan
desnudar en silencio 
todos nuestros miedos.

Esta vida en blanco y negro,
y de andar
partidos a la mitad.

Esas cosas que llevan mi nombre en tu corazón
y hoy hiciste tuyas,
es la forma más cobarde de no querer decirme adiós.

Estas ganas de mirarte y no pensar
y volver a mirarte una vez más.
Esas ganas que te arden y te tajan la piel
de decirme que querés que me quede… solamente un rato más…
… es arena entre las manos,
es cansancio,
una lluvia que no moja.
Simplemente humedece los fragmentos de esta historia
que ya a ninguno le interesa contar.

Este miedo a perder el control por completo en el otro,
casi tan fuerte como el miedo
de no poder volver a querer nunca más,
enredados en un juego
que ya ninguno puede ganar.

Este sentir enajenante que no deja de desearte,
ese deseo terco de sentirme…
… quedan en eso, nada más.

Este laberinto en el que los senderos se abren y se dispersan,
y vuelven a estrecharse continuamente.
Uno a uno, los vamos caminando
sabiendo que ya no podremos volver sobre nuestros pasos,
sin buscar una salida,
sin mirar atrás ni hacia delante.

Este amor que me atraviesa, envuelto en espinas,
quiere besarte el alma,
y se desangra antes de tocarte.

Este amor que me pedís a los empujones
y me arrojás de vuelta con violencia,
que me pone de rodillas,
me desarma y vuelve a armar cuando se le da la gana...
... trae consigo esta angustia inapelable
de saber
que este amor está condenado
a quebrarse en ese mismo instante
en el que quiere ser.